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Woody Allen de paseo en Donostia – San Sebastian, avec son nouveau film « Rifkin’s Festival »

20sept

El Mundo d’hier samedi 19 septembre

nous a appris la présence à Donostia – San Sebastian

avec son dernier film « Rifkin’s Festival« ,

tourné là en juillet-août 2019.

L’article,

sous la plume de Luis Martinez,

s’intitule « Rifkin’s Festival : la versión más perezosa de Woody Allen inaugura el Festival de San Sebastián« .

Le voici :

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN

Rifkin’s Festival : la versión más perezosa de Woody Allen inaugura el Festival de San Sebastián

Sábado, 19 septiembre 2020 – 03:26

El cineasta neoyorquino abre el certamen del COVID con un paseo por su memoria cinéfila tan encantador como destensado y autocomplaciente

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Fotograma de la película ‘Rifkin’s Festival‘, de Woody Allen. MUNDO

Hasta no hace tanto, se acudía a la nueva película de Woody Allen como se va a una ceremonia de aire místico, pero muy pagana. Se celebraba la gracia de la autocelebración : pocos directores hacen sentir mejor a su audiencia. La inteligencia del más inteligente de los directores dispone de un fino y muy ajustado dispositivo que obliga al espectador, aunque sólo sea durante hora y media, a sentirse bien, a sentirse inteligente. No es que nos haga inteligentes, cuidado. Eso ya corre a cuenta de los genes, la formación o simplemente la dieta baja en grasas saturadas. Vaya usted a saber. Digamos que la forma entre alegremente pesimista y descaradamente autocomplaciente, todo a la vez, de sentirse mal le ha hecho a Woody Allen todo este tiempo tan idéntico a cualquiera de nosotros que es inevitable no verse reflejado por un momento en sus miedos, sus dudas y cada una de sus angustias. La exhibición impúdica de su falta de popularidad le hacía terriblemente popular. Y ahí sigue. O ya no tanto.

Rifkin’s Festival, la película inaugural del Festival de San Sebastián más extraño de los últimos años, es básicamente un paso más, quizá el más alto (o el más bajo, según de mire), en esta ceremonia de la autocondescendencia colectiva. Allen hace películas (ésta es si las cuentas son las correctas, la que completa el número 49) como el que rellena sudokus. Las reglas son estrictas. Tienen que salir las cuentas. El patrón, con variaciones cada vez más escasas, es conocido : un hombre duda de sí mismo convencido de que la vida le está negando algo. Y así hasta que cae en la cuenta de que el problema no es el asco de comida en que consiste la existencia ; el problema es que las raciones, pese a todo, son terriblemente escasas. Y así. El chiste es de Allen, claro.

La película cuenta el viaje precisamente al Festival de San Sebastián de una pareja. Ella (Gina Gershon) es representante de, en este caso, un director genuina y genialmente patán (Louis Garrel en un ejercicio de sí mismo que asusta). Él (Wallace Shawn) es un escritor empeñado en redactar la obra maestra que nunca será capaz de imaginar siquiera. También es cinéfilo, aprensivo, orador balbuciente y, por tanto, suya es la responsabilidad de hacer de ‘alter ego‘ del propio director. Por el camino, este último caerá deslumbrado de la belleza, aplomo y acento de su médico (Elena Anaya), que no puede por menos que estar enamorada fatalmente de otro, de un artista (Sergi López convertido en el más divertido y feliz de todos) tan inconstante como caótico. Más sencillo, una película de Woody Allen. Y punto.

 

Elena Anaya, coprotagonista de 'Rifkin's Festival'.

Elena Anaya, coprotagonista de ‘Rifkin’s Festival’.EFE

Digamos que el director opta por no complicarse la vida y vuelve a rodar lo de siempre en un escenario que se diría idéntico al habitual. Hay que remontarse a 2013 con la irrefutable Blue Jasmine para asistir a su último golpe de genio. Desde entonces, han sido cinco las películas y una miniserie entera las que nos han permitido disfrutar a todos del más brillantemente perezoso de los creadores. Allen es un trabajador incansable de su propia pereza a razón de una película por año, salvo la pausa obligada por boicot o por COVID.

El mayor logro de la cinta es también su peor pecado. Por momentos, interrumpe la narración para recrear los sueños de películas eternas. Y por ahí aparecen Ciudadano Kane‘, ‘Persona‘, ‘El ángel exterminador o, por supuesto y en lugar de honor, El séptimo sello con Christoph Waltz en el papel de Muerte. Welles, Buñuel, Bergman o Fellini son entre parodiados y homenajeados en un recurso que se antoja a la vez encantador y terriblemente pedestre. Son citas a películas pensadas para ser reconocidas sin esfuerzo, situadas en la memoria de cualquier espectador no demasiado exigente para, y volvemos al principio, hacer que nos sintamos bien ; hacer que nos sintamos inteligentes.

La ceremonia, por tanto, continúa. Se va a una película de Allen, decíamos, como los creyentes menos convencidos acuden a una misa en latín. No importa tanto el contenido o la propia fe, como el espectáculo, la teatralización arcaica y muy pasada de moda de la propia ceremonia. El problema es que con el paso del tiempo, el director exige cada vez más a un espectador cada vez más descreído. Nos gusta reencontrarnos con el genio maltratado ; agradecemos su buena disposición a viajar por el mundo siempre dispuesto a hacer una nueva película… y ya. Sales del cine, ves lo de siempre… ¡qué poco dura eso de sentirse inteligente! Cada vez menos.

Faute d’avoir pu voir le film, nous nous abstiendrons de partager pour le moment _ sinon pour jamais _ l’appréciation _ plutôt convenue : perezosa = paresseuse… _ du journaliste de ce quotidien madrilène…

D’autre part, un article de Sud-Ouest du 19 septembre, signé Olivier Darrioumerle, et intitulé « Saint-Sébastien : Zinemaldia s’associe au festival de Cannes pour sa 68eme édition« ,

donnait plus sobrement cette même information :

Thierry Frémaux, directeur du festival de Cannes, était l’invité de la soirée inaugurale de Zinemaldia, ce 18 septembre 2020. 17 films initialement programmés sur la Croisette seront diffusés à Saint-Sébastien jusqu’au 26 septembre.

La 68e édition du festival du film de Saint-Sébastien, a été inaugurée, vendredi 18 septembre 2020, dans une ambiance tendue par l’épidémie et les restrictions draconiennes. Un acte de « résistance », pour Luca Guadagnino, président du jury. Alors que l’industrie du cinéma est frappée par l’épidémie de Covid-19, Zinemaldia a décidé de se maintenir, jusqu’au 26 septembre, comme la Mostra de Venise, s’est déroulée du 2 au 12 septembre.

En solidarité, Thierry Frémaux, directeur du festival de Cannes, annulé cette année pour cause de COVID-19, est apparu lors de soirée d’ouverture, sur les planches du Palais Kursall. « Le cinéma ne mourra jamais« , a-t-il lancé, rappelant les 135 ans de la naissance du cinématographe.

« Un hommage au grand cinéma« 

José Luis Rebordinos, directeur du festival du film de Saint-Sébastien, a rendu hommage au festival de Cannes, repêchant 17 films initialement programmés sur la Croisette, dont certains en compétition officielle pour la Concha de oro (la Coquille d’or).

En ouverture, c’est Rifkin’s Festival de Woody Allen, tourné en juillet 2019 à Saint-Sébastien, qui a été projeté. Un long-métrage qui se veut être un « hommage au grand cinéma _ voilà ! _, comme « Midnight in Paris«  était un hommage à la grande littérature« , a précisé Luca Guadagnino, président du jury.

Le réalisateur new-yorkais de 84 ans est apparu dans une vidéo projetée au Palais Kursaal. Depuis Central park, Woody Allen, a salué une ville dans laquelle il « espère retourner, pour profiter des rues, admirer les vues, déguster la gastronomie et rencontrer des gens, quand l’épidémie sera terminée. »

 

Et même un « petit « Woody Allen _ cela peut arriver... _ dépasse, et de très haut, 99% de la production cinématographique…

Ce dimanche 20 septembre 2020, Titus Curiosus – Francis Lippa

Un juste regard (de 2020) sur le lumineux « Piccola » (de 1994) de Rosita Steebeek, sur le blog vocal Paludes…

19sept

Sur le blog vocal Paludes _ sur les ondes de Radio-Campus Lille _, et en date d’hier vendredi 18 septembre,

voici une synthèse très juste _ et très justement enthousiaste _ de Piccola, le roman-témoignage de Rosita Steenbeek, paru _ en néerlandais _ en 1994, et que vient de traduire _ de l’italien, sur une traduction de Rosita Steenbeek elle-même, qui vivait à Rome, Via del Sudario… _ en français René de Ceccatty, pour sa collection « Compagnons de voyage« , qu’il inaugure aux Éditions Vendémiaire,
qui met excellemment le focus sur l’interconnexion subtile des personnalités des quatre principaux protagonistes,
et tout particulièrement _ sans narcissime aucun, ni la moindre lourdeur : légèreté et gaîté règnent lumineusement, à la romaine… _ sur celle de Rosita.
Cf mes 4 articles des 21, 22, 23 et 24 août derniers :
L’auteur _ Nikola _ de ce blog vocal semble jeune,
et on comprend que le contexte présent du politiquement correct contraste pas mal, pour lui, avec les mœurs bien plus ouvertes (post 68) du siècle passé…
Car il s’agit aussi d’une éducation sentimentale pour une jeune femme étrangère, venant, d’ailleurs, d’un pays un peu plus puritain (calviniste) que l’Italie d’alors (d’un catholicisme disons de façade)…
Ne perdons pas de vue que Rosita Steenbeek est aussi une jeune femme très cultivée,
qui a même fait aussi quelques études de théologie _ même si cela n’est guère évoqué (ni a fortiori souligné !) dans son texte
L’émancipation _ méditerranéenne, surtout à Rome et un peu en Sicile _ loin du père a importé aussi, en effet, dans le parcours de Rosita Steenbeek, qui « s’est trouvée » elle-même à Rome, au point d’y demeurer très longtemps : on la comprend…
L’auteur de ce blog vocal a donc tout a fait raison de mettre l’accent sur ce que s’apportent réciproquement, en effet, Rosita et ses 3 partenaires masculins, dont deux créateurs d’exception (Federico Fellini et Alberto Moravia) :
l’éducation sentimentale n’est donc pas _ pas complètement _ à sens unique.
Rosita leur apporte elle aussi, à chacun d’eux, quelque chose de précieux, en leurs jours de vieux mâles déclinants.
Cela me fait penser à l’image de je ne sais plus quelle sainte qui nourrissait au sein son vieux père, enfermé en prison… Mais là je pousse un peu loin le bouchon…
Et en cela, ce témoignage (très peu romancé : il s’agissait, semble-t-il, de maintenir une légère distance avec le témoignage brut !) de Rosita, republié ici (ainsi que traduit de l’italien) par les soins de René de Ceccatty à 26 ans de distance de son édition originale, en 1994, et en néerlandais,
éclaire aussi ce qui a passé entre les époques…
Charme et vivacité éclairent donc de la belle lumière méditerranéenne ce bien riche Piccola
Une ultime remarque concernant ce blog vocal :
un autre trait d’époque (de 2020) : cette manie d’angliciser les prononciations de tous les noms étrangers (Stinbik, pour Steenbeek)… Lille n’est pourtant pas très éloignée d’Utrecht…
Ce samedi 19 septembre 2020, Titus Curiosus – Francis Lippa

Les approches du réel (et de soi) de « Piccola » : « une vie ambiguë », entre trois hommes (plus âgés qu’elle), afin de parvenir à « trouver sa voie », à Rome, en 1990…

24août

L’écriture cursive, éminemment fluide _ dépourvue de la moindre lourdeur _, de Piccola,

de Rosita Steenbeek _ aux Éditions Vendémiaire, en ouverture de la collection « Compagnons de voyage« , que crée René de Ceccatty _,

enchante,

en plus de son si attachant et lumineux ancrage romain…

C’est un récit de formation

_ paru en version originale en 1994 _,

celui d’une jeune femme indépendante _ et très cultivée : son père, Jan Wieger Steenbeek (1927 – 2002), qu’elle admirait énormément, enseignait les Lettres à l’université d’Utrecht, aux Pays-Bas _, née en Hollande, à Utrecht, en 1957,

et venue en Italie et à Rome vers 1984, à la recherche de rôles au cinéma _ à Cineccita _, ou d’interviews d’écrivains et artistes,

afin, d’abord, bien sûr, de gagner sa vie ;

mais aussi, plus profondément, et surtout, se découvrir,

et mieux devenir soi…


Sa vie s’est trouvée peu à peu marquée par trois rencontres d’hommes _ Roberto Chiaramonte, Edoardo Pincrini, Marcello Leoni : un riche amant psychiatre, sicilien ; un très grand écrivain, romain ; un très grand cinéaste, romain lui aussi, d’origine romagnole _, tous les trois bien plus âgés qu’elle,

avec lesquels elle va entretenir des rapports affectifs _ d’amour et d’amitié plus ou moins sexués ; et assez diversement, pour le moins… _ complexes…



Au point qu’au mois de juin 1990, page 303 du récit, 

elle en vient à se demander « combien de temps je pourrais mener cette vie ambiguë _ voilà !

Je courrais _ très effectivement _ d’un vieux à l’autre ; et pour le reste je ne faisais plus rien« 

_ soit une absence d’œuvre tant soit peu effective, qui finit par la déranger… Page 287, Edoardo (Alberto Moravia) s’était écrié, à propos de Rome et des Romains : « J’en ai marre de ce peuple, de cette ville et de cette vie. Ici personne ne travaille. Tout le monde en prend trop à son aise. Même les pigeons sont trop gros pour bouger« …

Alors que parvenir à « tracer sa voie« 

(l’expression se trouve page 305, dans la bouche de Roberto _ qui s’est ouvert peu à peu, lui aussi _),

est probablement l’objectif de fond _ affleurant peu à peu à la conscience de la narratrice _ de cette quête,

à distance de sa Hollande native et familiale…

Et aussi, en découvrant et prenant possession d’une vraie « chambre à soi« , pour reprendre l’expression de Virginia Woolf.

Ce n’est peut-être pas tout à fait un hasard si ce lieu, ô combien tranquille, inspirateur, et donc apte à l’écriture personnelle,

la narratrice le découvre, et s’y installe, dans le courant du mois de juin 1990,

au retour d’un séjour, au mois de mai, de « cinq jours en Hollande » (l’expression se trouve à la page 290) en compagnie d’Edoardo Pincrini – Alberto Moravia

_ leur séjour, ensemble, en Hollande est narré de la page 290 à la page 297 _,

après avoir bien pris conscience de ce qu’elle nommait, page 307, « mon problème de logement : la pension _ où elle résidait alors, située dans le quartier du Ghetto, à Rome _ était de plus en plus bruyante et agitée, et il me fallait trouver une autre solution« .

« Un soir _ de début juin 1990, le passage se trouve page 310 _, où j’étais allée à l’Institut néerlandais pour assister à une conférence, j’échangeais deux mots avec un prêtre flamand qui m’annonça qu’un petit appartement s’était libéré dans un vieil immeuble médiéval qui appartenait au clergé belge, non loin de ma pension _ située, elle, dans le Ghetto ; en fait, il s’agit là d’une dépendance de l’église San Giuliano dei Fiamminghi, Via del Sudario, non loin de Sant’Andrea della Valle. Il pouvait me la faire visiter. »

« C’était un endroit idéal : église _ San Giuliano dei Fiamminghi _, théâtre _ Teatro Argentina _, bibliothèque _ la Casa Burckart _, m’entouraient, silencieux. Au cœur _ historique _ de Rome, mais protégé de ses rumeurs par des murs épais de plus d’un mètre« , page 312.

« J’allais m’y installer, sans la moindre hésitation. (…) C’était un lieu dôté d’une âme » _ voilà ! _, page 313.

« Le lendemain matin, je tournai la vieille clé dans la serrure, et un nouveau chapitre _ rien moins ! C’est un tournant majeur pour la narratrice ! _ commença dans ma vie« , page 316.

Quelques pages plus loin, pages 320 à 324,

la narratrice raconte une soirée passée avec Marcello Leoni – Federico Fellini et Guido Anselmi – Marcello Mastroianni _ Guido Anselmi est le nom même du personnage du réalisateur dans Huit-et-demi, de Fellini, en 1963, qu’incarnait Marcello Mastroianni… _, le soir du match de Coupe du Monde de football entre l’Italie et l’Uruguay ; c’était le 25 juin 1990.

Ce qui nous permet de dater avec un peu de précision cette installation de Rosita Steenbeek dans sa splendide cellule monacale de la Via del Sudario, si importante pour sa vie enfin féconde d’écrivain, entre la fin mai de son voyage de cinq jours en Hollande, avec Pincrini – Moravia, et le 25  juin de son dîner avec Mori – Fellini et Anselmi – Mastroianni, le soir même de ce match Italie-Uruguay de foot-ball, en 1990.

Les entretiens suivis et impromptus, informels pour la plupart, que l’auteur (Rosita Steenbeek) – narratrice (Suzanne), aura, entre février et septembre 1990,

avec Alberto Moravia (Edoardo Pincrini) et Federico Fellini (Marcello Leoni), 

vont lui faire accomplir des pas de géants dans cette connaissance de soi et des autres,

en la richesse, en partie (et d’abord) inconsciente, que ces deux créateurs majeurs vont lui faire, au jour le jour de leurs échanges formidablement ouverts, approcher et ressentir,

par le partage de leurs propres démarches éminemment singulières (et puissantes, via, tout spécialement, leurs propres parcours de création _ ce que je nomme, avec mon amie Marie-José Mondzain, « imageance« … : un concept qui s’applique particulièrement bien au mode de création débridé et formidablement ouvert d’images mouvantes de Federico Fellini…)

d’approches _ le terme décidément revient… _ très pointues de la richesse de perception du réel (et de « soi« , en ses rapports extrêmement complexes et riches d’ambivalences aux autres)…

Piccola,

en sa légèreté fluide et lumineuse _ romaine ? _ d’écriture,

nous fait approcher aussi, de biais _ et en rien doctoralement ! _,

l’idiosyncrasie de ces créateurs majeurs ultra-lucides que sont Alberto Moravia et Federico Fellini,

tout différents qu’ils soient l’un de l’autre…

La collection « Compagnons de voyage« 

que vient de créer René de Ceccatty aux Éditions Vendémiaire

commence magnifiquement !!!

Ce lundi 24 août 2020, Titus Curiosus – Francis Lippa

Le dénouement du récit de « Piccola » : le 27 septembre 1990, le lendemain même du décès d’Alberto Moravia, et à son domicile

23août

Ce dimanche matin, à 9h 26,

je viens d’achever ma lecture du Piccola de Rosita Steenbeek.

Son récit romanesque autobiographique,

qui débute, page 7, sur un quai de la Stazione Termini, à Rome,

en instance du départ de la narratrice, Suzanne – Rosita, en un train de wagons-lits vers Catane, ou plutôt Taormina (page 9).

commence,

et si je calcule bien _ 1957 + 27 = 1984 ! _puisque la narratrice, Suzanne (Rosita Steenbeek est née le 25 mai 1957), a « échappé à tant de guet-apens » « pendant vingt-sept ans« ,

l’été 1984

_ ou plutôt l’été 1985,

au moment tu tournage de Ginger et Fred, de Fellini (le film sortira le 15 janvier 1986), dans lequel Suzanne – Rosita fait partie des figurantes (cf pages 35 à 41)… _ ;

pour s’achever, à Rome, le 27 septembre 1990,

soit juste le lendemain (« il était mort la veille à neuf heures« , page 396 ; « Il avait pris sa douche. Il s’était rasé. Je l’ai trouvé comme ça« , a raconté Irena, la gouvernante de Pincrini – Moravia)

du décès _ soudain ! _ d’Edoardo Pincrini (Alberto Moravia est décédé, chez lui, à Rome, Lungotevere della Vittoria, 1, le 26 septembre 1990, à neuf heures du matin),

dans le bureau même de l’écrivain, que la narratrice avait tenu à revoir alors :

« au pied de l’immeuble, au-delà de la fenêtre, le Tibre coulait toujours, avec une indifférence provocante« , page 396…

Page 127, en ouverture du chapitre 2 de Piccola,

est narrée la toute première rencontre _ esquivée alors, pour raison de migraine… _ de Suzanne, la narratrice (ou Rosita Steenbeek) avec Edoardo Pincrini (ou Alberto Moravia), au Grand Hôtel, à l’occasion d’une conférence de presse pour la sortie d’un film _ sans plus de précision _, dont le scénario est tiré d’une des (29) œuvres de Moravia ayant donné lieu à un film :

ce peut être en 1987, pour le film L’Attenzione, de Giovanni Soldati,

en 1988, pour La Ciociara, de Dino Risi,

ou en 1989, pour La Cintura, de Giuliana Gamba.

Page 128, la rencontre effective entre Suzanne (Rosita  Steenbeek) et Edoardo Pincrini (Alberto  Moravia) adviendra cependant, très vite, quelques jours plus tard, et sur un rendez-vous que prit alors Suzanne – Rosita, au domicile de Pincrini – Moravia :

« un réalisateur hollandais voulait entrer en contact avec Pincrini. il préparait un documentaire sur la célébrité et la solitude » (page 128).

Quant au chapitre 3,

il débute, page 197, par une référence à « la première du dernier film de Leoni« -Fellini

_ soit La Voce de la luna, qui eut bien lieu à Rome le 31 janvier 1990 _,

à laquelle, grâce à une invitation de Pincrini-Moravia, assistent Suzanne-Rosita Steenbeek et son amie néerlandaise, elle aussi, et colocataire, alors, dans un appartement sur l’Aventin, Heleen _ un appartement sur le bel Aventin que quittera bientôt Suzanne pour retourner dans sa petite pension dans le Ghetto ; avant de finir par dénicher miraculeusement, au mois de juin 1990, son infiniment précieuse cellule monacale de la Via del Sudario, en une annexe paradisiaquement tranquille de l’église San Giuliano dei Fiamminghi…

Les 202 pages de ce récit passionnant et très documenté _ par le détail très précis (et particulièrement riche !) des conversations de Rosita avec Moravia et avec Fellini _ du chapitre 3

se déploiera l’année 1990, donc :

du 31 janvier, pour la date de la première romaine du film La Voce della Luna, de Fellini,

au 27 septembre 1990, le lendemain de la mort de Moravia, très précisément.

Alors que le premier chapitre (pages 7 à 125) était centré sur les relations tumultueuses et compliquées _ sado-masochistes _ de Suzanne – Rosita Steenbeek avec Roberto Chiaramonti, un très ombrageux psychiatre sicilien,

et le second (pages 127 à 196), sur l’amitié très riche, et un peu ambiguë, entre Suzanne -Rosita et Edoardo Pincrini – Alberto Pincherle, dont le nom de plume est Alberto Moravia,

le chapitre 3 (pages 197 à 399), le plus développé des trois, va inclure dans un trio de relations amoureuses complexes de Suzanne – Rosita Steenbeek,

Marcello Leoni – Federico Fellini ;

qui en devient, surtout, le pôle principal…

Certes, Suzanne – Rosita avait fait partie d’innnombrables figurant(e)s sur le tournage du Ginger et Fred, de Fellini, en 1986 ; mais même si celle-ci avait croisé à quelques reprises le cinéaste lors de ce tournage, cela était demeuré superficiel :

« _ ah, mais nous nous connaissons ! Quand donc nous sommes-nous rencontrés ?

Je lui rappelais que je me trouvais parmi les figurants de son précédent film« , tourné en 1986, page 199…

Et le récit détaillé _ passionnant ! _ des conversations-entretiens privés de Suzanne – Rosita avec Marcello Leoni – Federico Fellini,

comme celui des conversations-entretiens privés avec Edoardo Pincrini – Alberto Moravia,

est, sans conteste, un trésor infiniment précieux de ce roman autobiographique romain…

Mais le récit autobiographique romain s’interrompt là,

au domicile d’Alberto Moravia, le 27 septembre 1990 _ juste le lendemain du décès de l’écrivain _,

sans rien dire de ce qu’ont pu être les rapports ultérieurs de la narratrice avec Federico Fellini,

qui mourra, à Rome, trois années plus tard : le 31 octobre 1993…

Ce dimanche 23 août 2020, Titus Curiosus – Francis Lippa

Les passionnantes rencontres romaines de Rosita Steenbeek, en 1990 : Federico Fellini et Alberto Moravia _ poursuite de ma lecture du roman autobiographique « Piccola »

22août

Passé le premier chapitre (pages 7 à 125) de Piccola,

 

la narratrice, Suzanne (Rosita Steenbeek : née à Utrecht, le 25 mai 1957), aborde les rencontres romaines décisives,

en 1990 pour l’essentiel,

du cinéaste Marcello Leoni – Federico Fellini (né à Rimini le 20 janvier 1920 _ et qui décèdera à Rome le 31 octobre 1993 _)

et de l’écrivain Edoardo Pincrini – Alberto Moravia (né à Rome le 28 novembre 1907 _ et qui décèdera à Rome le 26 septembre 1990 ; lire sa biographie par René de Ceccatty, parue en 2010) _) ;

plus complexes et plus enrichissantes, en leur complexité même,

que sa rencontre taormitaine dramatiquement compliquée et torturée

avec le Professeur Roberto Chiaramonte, éminent psychiatre…

Ce samedi soir, j’en suis à la page 288 ;

et je compte terminer ma lecture de cet intriguant et riche Piccola

_ à propos des chemins de la recherche de soi, à Rome, à la fin des années 80, d’une jeune femme née à Utrecht en 1957 _

dès demain dimanche.

Ce samedi 22 août 2020, Titus Curiosus – Francis Lippa

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